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Colonel Makenga à l'heure du Mixage CNDP - FARDC photo Benilubero Online, par Jackson SAFARI

Joseph Kabila se dispone a declarar una seudo-rebelión del tipo del M23 en el Kivu-Ituri

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Mientras que el nivel de Beni se intensifican las atrocidades contra la población civil y las hostilidades contra las FARDC verdaderamente leales desde finales del mes de septiembre, se hacen notar cada vez más nuevos focos de violencia belicosa en la vecina provincia del Norte, es decir en el Ituri. Tanto en Beni, como en Djugu y en el Ituri, los actores son los mismos y utilizan el mismo modo de operar. Las autoridades congoleñas, que los conocen muy bien y que teleguían sus módulos de actividad en todos los casos, los presentan hipócritamente tanto como presuntos ADF, tanto como asaltantes sin identificar.


Pero en realidad Joseph Kabila ha hecho transformar una parte de las FARDC en terroristas, disfrazados bajo la identidad de las ADF, en Beni. Esta organización corrosiva tiene un efecto destructivo que daña a la vez a la población civil y al ejército nacional, cuya muerte ha sido firmada a partir del nombramiento de John Numbi a su cabeza y de otros oficiales criminales en los puestos de mando y funciones estratégicas. Informaciones alarmantes provienen cada día del centro militar de Kitona que dan pruebas del reciclaje acelerado de los ex-M23, de las FDLR, de reclutas ruandeses que, todos juntos, forman ya un ejército paralelo a las FARDC congoleñas. Además, la jerarquía nacional ha obligado a una precedencia injustificable de esos intrusos invasores con relación a los militares de origen congoleño, reducidos a un silencio de muerte ante esta injusticia y esta traición oficial por miedo a ser matados. Joseph Kabila ha adquirido así fuerzas especiales que actúan como escuadrones de la muerte y substituyen al verdadero ejército nacional, las FARDC.


Esas fuerzas del terror, mil veces más sádicas que los anteriores « effacez le tableau » (borren el cuadro) en Beni-Ituri, son llamados por el régimen de Kinshasa « ADF » en Beni, y/o milicias Nande que exterminan a sus propios hermanos. Para desenvolverse en esa mentira el régimen local los ha dotado de los medios necesarios para secuestrar a los autóctonos que retienen como rehenes, utilizándolos a la vez como escudos o combatientes de primera línea del frente. El objetivo de Kinshasa consistía inicialmente en persuadir a la comunidad internacional de la existencia de un grupo terrorista, o incluso islamista, cuyas actividades hacían imposible el proceso electoral en la región Este del país. Pero investigaciones llevadas a cabo, tanto por organizaciones nacionales como internacionales, han ayudado a descubrir la trampa tendida por tal mentira.


Más al Norte, en los territorios de Djugu y de Irumu, en el vecino Ituri, la ejecución del mismo plan busca en vano a reiniciar las hostilidades de los años 1999-2003 entre los autóctonos, explotando las cenizas de las guerras inter-étnicas. Allí también las comunidades locales se concertaron para denunciar esa maquinación del poder local. Sin embargo, eso no impidió a Kinshasa intensificar por medio de sus agentes (ex-M23 y ruandeses instalados en el territorio de Irumu) las matanzas contra los civiles, así como los ataques contra las FARDC leales, para acusar falsamente a los milicianos locales (Lendu y Hema) que, por otra parte, ya no existen en nuestros días.


Así que, después de haber fracasado en convencer a la opinión pública de la hipótesis de los terroristas islamistas en Beni, y del reinicio de los conflictos inter-étnicos en el Ituri, Kinshasa ha decidido reforzar los focos de los ex-M23 infiltrados en ciertas regiones, tales como Berunda, en el territorio Djugu, en Irumu, mientras que otros ruandeses y M23 los asistirían directamente desde el seno de las FARDC. Esta es la realidad de los ataques registrados en la región de Beni, en particular desde principios del mes de septiembre en curso, cuando se tuvo sobre todo prueba de que las FARDC transformadas en ADF capturados en Ngandi/Mavivi, en Beni por la MONUSCO el 10 de septiembre de 2018. Es la misma realidad que se observó igualmente en el Ituri por la sucesión de los fuertes ataques realizados contra las FARDC desde del 16 de septiembre de 2018 hasta estos días, precisamente en Gobu, Muvarama, Songa 1, Songa 2, Blukwa, en Taga y Bule. Los balances de estos últimos acontecimientos, tanto en Beni como en Djugu (Ituri), son particularmente espantosos, tanto entre los civiles como entre las FARDC, ya que la operación se le hace fácil al enemigo por el hecho de estar camuflado en el seno mismo del ejército nacional y dotados de medios de armamento superiores, en relación con las tropas del ejército regular.


Es urgente denunciar ahora la intención manifiesta de Kinshasa de declarar la existencia de una nueva rebelión el Ituri y en Beni, en el momento en que toda la opinión local sabe que quienes atacan actualmente a las FARDC en Djugu son las tropas M23 y los ruandeses, de los que un equipo ha llegado abiertamente a Bunia, a bordo de camiones, en fecha del lunes 10 de septiembre de 2018. En Beni es lo mismo. Incluso se ha señalado que los responsables de la antigua rebelión del M23, protegidos por las autoridades de las FARDC, estarían ya llegando a Beni, y eventualmente a Bunia, y preparándose a declarar el retorno de esta rebelión con base en los terrenos que las FARDC, corrompidas por Kabila, les ayudarán a recuperar pronto.


Así pues el gobierno congoleño está advertido por la población que ha jurado no tolerar más este tipo de maniobras por las que Joseph Kabila había instalado otras veces falsas rebeliones en Kivu, justo para cubrir su necesidad electoral, tal como fue en los casos del CNDP y del M23.

Tinga-Tinga Norbert
Bunia

©Beni-Lubero Online.

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