Image montée par le gouvernement congolais il y a une année pour accréditer sa thèse sur la présence des terroristes islamistes dans la région de Beni

¡Alerta! Superchería de los terroristas islámicos en Beni

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El miércoles 17 de abril de 2019, justo una semana después del paso por Beni del Presidente de la República Félix Tshisekede, asaltantes tomados como presuntos ADF atacan a las FARDC en la localidad de Bovara, situada a 7 kmts. del centro de Kamango, un punto fronterizo entre el territorio congoleño de Beni y el territorio ugandés. El balance es de dos suboficiales con el grado de capitán y un soldado muertos. Este ataque ha sido reivindicado esta vez por un grupo que pretendía pasar como de una organización islamista. Extrañeza, y al mismo tiempo escepticismo, en todas las opiniones sobre este tema del tal grupo islamista que habría esperado cinco años de ininterrumpidas acciones muy intensas para declararse ante el mundo. De modo que hay razón para fijar las opiniones sobre el tema.

1. Aspecto de los asaltantes de Bovara

Los que atacaron a las FARDC en Kamango tenían un aspecto idéntico a los militares de las FARDC. Iban vestidos con uniformes semejantes a los de las FARDC, se expresaban en dos lenguas utilizadas comúnmente por los militares del gobierno congoleño, en concreto el swahili y el lingala.


Esos factores dan la ventaja necesaria sobre los soldados leales, ya que éstos no podían en principio darse cuenta de estar asediados por enemigos. Este tipo de confusión se observa regularmente en los ataques de los presuntos ADF desde el inicio de las masacres en Beni. A este nivel es como la complicidad de las autoridades que complotan la pérdida de sus ciudadanos civiles aparece más evidente. Por otra parte, el laxismo expresado por el ejército oficial luego de la pérdida de por lo menos tres elementos importantes de sus ciudadanos civiles en sus filas es también un testimonio claro contra la oficialidad congoleña.

2. Los islamistas jamás han reivindicado los crímenes perpetrados en Beni

En efecto, las masacres de Beni son un fenómeno cuyo carácter terriblemente trágico exaspera a dicha región desde octubre de 2014. Los autores de esta tragedia han sido identificados siempre por las autoridades congoleñas de una manera incierta.


Desde el principio, el gobierno congoleño se esforzó en presentar a los asaltantes como rebeldes ugandeses ADF. Sin embargo, se dio cuenta enseguida de que el argumento de los ADF era inaceptable para todas las opiniones, locales o internacionales, por el hecho de que el fallecido general Lucien Bahuma acaba de aplastar literalmente a esos inciviles no más tarde de finales del primer trimestre de ese mismo año (2014), hasta reducirlos a pocas decenas de sobrevivientes errantes y en desbandada, mientras que su propio jefe, Jamil Mukulu, fuera detenido y llevado ante la justicia. Desde entonces, y con fines políticos no declarados, las autoridades en el poder en la R.D. del Congo, sin suprimir la tesis de los ADF, han recurrido a medios variados para incriminar a los hijos e hijas de esa población víctima, sin perdonar tampoco a sus líderes políticos. ¡Qué cosa más chocante que constatar este tipo de escenario que transforma a las víctimas en culpables! Esta horrible escena ha sido vivida públicamente, organizando tribunales montados deliberadamente con el fin de blanquear a los cómplices de los matones, denunciados entre los militares del gobierno, y ciertas autoridades político-administrativas.


A falta de pruebas que sirvieran de argumento a la incriminación de las poblaciones autóctonas en las masacres de Beni, el régimen de Joseph Kabila había juzgado necesario atenerse a la tesis de los islamistas. Fue siempre el gobierno congoleño, por medio de su portavoz el Ministro de Información, quien reivindicó las matanzas y las violencias de Beni a nombre de los terroristas islámicos. Esta manera de obrar parece en sí muy ridícula, ya que los islamistas nunca necesitaron ser denunciados por otros; nadie ignora en todo el mundo que, en caso de cualquier acción que les concierna, por pequeña que sea, se adelantan inmediatamente a cualquier especulación para que la opinión pública tenga claro que ellos reivindican sus propios actos, que no necesitan publicidad.


¿No podrían pues hacer lo mismo en el caso de las masacres tan notorias como las registradas en Mayi-Moya y Eringeti en mayo de 2016, en Rwangoma, en plena ciudad de Beni, así como en los diferentes puntos alrededor de la ciudad de Oicha y de la localidad de Mavivi, o también en la comuna de Rwenzori de la ciudad de Beni?

3. Beni no es un terreno favorable para que brote un Estado islámico

Según el diccionario francés Larousse, « islámico » designa, desde 1970, una corriente del Islam que hace de la Sharia su única fuente de derecho para el funcionamiento de la sociedad, con el objetivo de instaurar un Estado musulmán regido por los religiosos. La proyección de un Estado islámico es pues una ideología que se apoya, ante todo, sobre una presencia dominante de los musulmanes. Es la fuerza de esta presencia física la que suscita esa ambición de considerar un dominio total de la Sharia, como lógicamente se puede constatar ya en Siria, en Irak, y en los países del norte de África, que están naturalmente bajo dominio musulmán. Sin embargo, ése no es en absoluto el caso para la región de Beni, donde la sociedad está casi totalmente anclada en el cristianismo. Unos cuantos musulmanes que hay ahí no representan nada consistente que puede incitar la ambición de conquistar el dominio.


Más aún, los cristianos y los musulmanes que viven en esa región no conocen ningún antecedente conflictivo susceptible de hacer estallar una guerra de religión entre las comunidades locales. Los musulmanes y los cristianos se han caracterizado siempre por una cohabitación pacífica en la región de Beni.


En cuanto a los ADF mismos, conviene anotar que han elegido domicilio en los Rwenzori desde hace casi 25 años, sin mostrar nunca la ambición de crear allí un Estado islámico, ni de someter a los autóctonos, y menos aún con masacres, ya que su objetivo es el de conquistar el poder en Uganda, más bien que en la R.D. del Congo.

4. El gobierno congoleño es el verdadero partidario y sostén de los ADF

Si las masacres de Beni nunca han sido apaciguadas, es precisamente por la falta de voluntad del poder local. Benilubero Online ha acumulado una documentación suficiente para probar que la mayoría de las tropas enviadas en operaciones a Beni son desplegadas para apoyar las matanzas, es decir a los presuntos ADF, más bien que para erradicarlas.


Los ADF son partidarios del régimen de Kabila; recordemos la toma de mando de Jamil Mukulu y sus colaboradores en Kinshasa, luego en Nairobi, por el presidente Kabila, antes y después de los acuerdos de Sun City.


A partir del 2012, el apoyo del régimen de Kabila a los ADF se hacía cada vez más visible, mediante la canalización de fondos y los reclutamientos entre los autóctonos, en favor de elementos ADF activos en la región de Beni.
Y para confirmar esta afirmación, ¿cuántas veces la población de Beni ha dado pruebas de apoyo a las FARDC, desde la operación Sokola 1 hasta los degolladores que venían siempre a atacar a los civiles no lejos de las posiciones del ejército gubernamental, sin ser disuadidos ni por las FARDC ni por la MONUSCO?

5. El presidente Félix se hunde en el mismo engaño. ¿Ignorancia o complicidad?

La población de Beni ha seguido con la mayor decepción al Señor Félix Tshilombo Antoine Tshisekedi al recuperar las palabras de su predecesor declarando, en ocasión de su paso por los Estados Unidos, que “son los terroristas islámicos quienes exterminan a la población de Beni”.


A su vuelta al país, hace de Beni una etapa prioritaria en su programa de visita alrededor del país; una decisión que ha sido alabada por todos los que conocen la amplitud de las tragedias ocurridas en esa región. En Beni, el Jefe del Estado, igual que su predecesor, prometió la restauración de la paz. Pero, para alcanzar ese objetivo, el Presidente de la República debería identificar con precisión todos los factores de la tragedia que se piensa erradicar.


Su lenguaje, sin embargo, ante los americanos ha dado acto ya en favor de los enemigos de la paz de Beni. Los escuadrones de la muerte instalados con ese fin en Beni y en Ituri, según el plan maquiavélico de Joseph Kabila, ha recuperado enseguida su declaración para engañar profundamente a la opinión pública. Apoyándose sin decirlo sobre el hecho del reconocimiento por Félix de los islamistas de Beni, se montó un escenario para reivindicar oficialmente y por primera vez las violencias e inseguridad en la región de Beni como obra personal de los islamistas. La declaración del presidente Félix les dio la oportunidad.


A pesar de todo, se puede pensar que aún no es tarde para que el presidente Félix alcance sus objetivos para la restauración de la paz en Beni. Pero debería entender que el primer punto en el éxito de ese proyecto sigue siendo el relevo de todos los de las FARDC que se encuentran en esta región desde 2014 hasta ahora, separando, por ejemplo, a todos los soldados ex-CNDP y ex-M23 de la región del Nord-Kivu en general y de Beni en particular.

Lo que el presidente Félix debería saber…

Una verdad innegable es el hecho de que Joseph Kabila, el ex-presidente congoleño, ha tenido realmente contactos con los terroristas islámicos, y con terroristas de varios niveles, en Siria, en el Líbano, en Libia, etc. Fue además él quien determinó transformar los residuos de los rebeldes ugandeses ADF en un grupo terrorista en Beni. Su meta para tal empresa terrorista no era exclusivamente la región de Beni, sino el territorio congoleño en toda su amplitud, sobre todo en las regiones hostiles a su sistema depredador y al plan de balcanización del que se hizo portaestandarte.


Con ese fin decidió destruir el ejército republicano substituyendo un ejército dirigido por jefes (comandantes), quienes ya en sí mismos cumplían todas las condiciones para convertirse en terroristas, como se constata por el nombramiento a la cabeza del ejército del general Gabriel Amisi Tango Four, del general John Numbi, del general François Olenga, etc.


Mientras no sean descartados esos colaboracionistas que se mantienen atornillados al mando del ejército y de los destinos del país, no habrá paz en Beni. Mientras Joseph Kabila conserve su influencia sobre el ejército y la seguridad a través de oficiales colaboracionistas, no cesará todo género de violencia, no sólo en Beni y en Ituri, sino en todos los demás focos violentos latentes a través del país. La base de los terroristas que hay que buscar es el mismo ejército de las FARDC, según plan bien elaborado por el ex-presidente Joseph Kabila, quien estima que el terrorismo y la violencia son las armas más preciosas para conservar el poder a expensas de un pueblo de ingenua generosidad.

¡Por eso el arresto de Joseph Kabila es más que nunca una necesidad!

Editor BLO

©Beni-Lubero Online.

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